jueves, 11 de junio de 2009

LOS RETALES DE LA VIDA

Antes, las montañas rusas no me daban miedo... Era capaz de esperar horas a la cola para subirme en cualquier trasto de feria, cuanto más salvaje mejor...
Antes había días en los que cada pequeño instante era nuevo, y había mil momentos en los que era capaz de percibir que estaba descubriendo los pequeños misterios de la vida...
Con el paso del tiempo he perdido mi capacidad para sorprenderme, para ilusionarme... No, no es cierto. No lo he perdido. Simplemente he ido dejando agazaparse en un rincón de mi mente la espontaneidad, la locura, la irracionalidad... Imagino que obligada por las circunstancias, quizá simplemente por cansancio o por costumbre. Imagino que cuando tantas veces te repiten las cosas, acabas creyéndotelas. Imagino que cuando todo el mundo espera algo de tí, terminas sucumbiendo...
Alguien me dijo hoy que hacia atrás ni para tomar impulso...
Pero yo no estoy tan segura.
Y es que extraño tantas cosas de mí... Me echo de menos a mí misma en tantas ocasiones...
Cuentan que la memoria es selectiva, que olvidamos lo malo y nos quedamos con lo bueno. Tal vez sea así.
Tal vez sea simplemente miedo al futuro. O a la muerte, al sufrimiento, a la enfermedad, al dolor, a perder a los que quiero, a perder lo que quiero...
Lo que sí se es que soy plenamente consciente del paso del tiempo. Cada pequeña arruga es el anuncio del tiempo que vendrá, es el recordatorio de que ya nada volverá a ser igual... En realidad ya nada es igual.
CELTAS CORTOS/ RETALES DE UNA VIDA

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