sábado, 24 de abril de 2010

CUESTIÓN DE IMAGEN



Hoy ha sido un mal día. Un día de esos propicios para escribir una entrada especialmente triste, melancólica. Llena de nostalgia y algún reproche. Teñida de decepción y dolor. Y me niego, no quiero...
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Hace tiempo que me apetece cambiar el blog. Tal y como estaba, me empujaba al abismo del recuerdo una y otra vez. Y me hacía daño.

Pensé incluso en cerrarlo, en mudarme a otro lugar. Pero aquí he creado mi espacio y aquí tengo a gente con la que me gusta estar, a la que me gusta recibir y visitar. Como cuando era niña y jugaba con mis amigas a las casitas. Cada una hacía la suya en los bancos del parque y nos moríamos por ser las anfitrionas de una merienda imaginaria en la que fingíamos ser mayores y saber todo de la vida... Así me siento cuando os leo, cuando se que estáis y os siento cerca. Y así me siento cuando voy a vuestros blogs y comparto vuestras cosas y os conozco un poco mejor y dejo mi pequeña huella entre tantas vidas ajenas... Dar y recibir, estar, con los dedos llenos de palabras o en silencio...

Sin embargo, se que he renunciado a demasiadas cosas, ya he perdido demasiado en mi camino virtual como para dejar a un lado también este pequeño refugio en el que se ha convertido Navegando hacia Shalott.

Me considero una auténtica patata en esto de la informática. Si me sacas de Word y un poquito de Excel, justo lo que necesito para mi trabajo, rozo el analfabetismo absoluto.

Pero también es cierto que soy una mujer con suerte y la misma personita que me ayudó a crear este baúl de música y palabras allá por el mes de Enero de 2009, me ha echado una mano para renovarlo ahora. Gracias Fer (una vez más).

Así que después de más de una hora intentando seguir las instrucciones anotadas en una servilleta, de cambiar, subir, bajar, guardar, eliminar... rezando para que nada se perdiese con el cambio, lo he conseguido. O eso creo. Una hora para hacer algo que seguro al más común de los mortales le llevaría unos minutos... lo dicho, soy una patata.

Lo miro una y otra vez, Se que me costará acostumbrarme, pero me gusta. Espero que a los que paséis por aquí no os resulte demasiado extraño o distinto.

Después de todo, se trata solo de una cuestión de imagen...

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Una taza de té humea a mi lado. Y un cigarrillo recién encendido me espera. Me anticipo mentalmente al placer de la primera calada, envuelta en humo y música.

Me releo antes de publicar y pienso que a pesar de todo no he podido evitar ponerme trascendente. Y me fastidia porque me apetecía escribir algo banal. Sin embargo, siempre escribo a golpe de corazón, sin releerme casi nunca, según lo que me dicta el alma.
Y el corazón a veces habla más de la cuenta. Especialmente el mío que tiende a desvariar y se pierde por mil vericuetos de sentimientos y ausencias...

Rod me susurra su canción. Mi canción favorita. Esa que habla de árboles verdes y rosas rojas. De cielos azules y nubes blancas. Esa que dice que el mundo, a pesar de todo, es un lugar maravilloso.

Esa que me hace sentir bien, que me da paz y que nunca me canso de escuchar.
La misma que me ayuda a no perder jamás la esperanza.

Buenas noches...

WHAT A WONDERFUL WORLD/ ROD STEWART

sábado, 17 de abril de 2010

TRIDIMENSIONAL



* Y si me pides que te hable de mí...

Me gusta mirarme en los espejos. Y en los escaparates. No puedo evitarlo...
Me gusta ver mi reflejo, mi silueta pintada en una superficie lisa y brillante.
A veces me doy un aprobado a mí misma, en días especiales hasta me pongo un notable alto. A veces me suspendo y me digo que tengo que volver en septiembre...

Si algo he ganado con el paso de la vida, es el poder de conocerme a mí misma.

Porque se que yo soy tres.

Elena- Melena

Presumida y coqueta. Algo casquivana y frívola si se lo propone, amante de los trapos y los zapatos, los bolsos y los anillos. Divertida, socarrona y fan del humor negro, de la ironía fina, tal vez herencia de la sangre gallega que corre por sus venas.
Cantante de karaoke frustrada, cantante de coro y de cualquier melodía pegadiza que se asome a su alma. Bailarina incansable. Melena hace playbacks a escondidas en su despacho cuando no hay nadie, con la música a tope y un bolígrafo a modo de micrófono...

De verbo incontinente y lengua rápida en estrados y fuera de ellos, implacable y luchadora, en su trabajo y en la vida. Protectora a muerte de los que quiere, protestona y rebelde. Fuerte y valiente, si miras a Elena Melena creerás verla caminando con paso seguro aunque puede que esté muerta de miedo. Adora en secreto que le digan piropos.
Pasional, visceral, intrasingente. Suspicaz, dicen que inteligente.
Cabezota, impulsiva. Soñadora. Presa de sus arrebatos y víctima de sus contradicciones... Tierna.

Elena- Laniñaimantada

Frágil, tremendamente frágil y vulnerable, Laniñaimantada tiene miedo a la oscuridad, a los caserones antiguos y al tren de la bruja. Y a las montañas rusas, aunque nadie diría que hubo un tiempo en que las adoraba...
Día sí y día también se bloquea ante la maldad, sin saber qué decir ni que hacer. No sabe reaccionar frente a los golpes bajos y detesta el sabor salado que se prende en su garganta cuando la rabia le atenaza el corazón. Y cuando lo hace es demasiado tarde, porque entonces saca a pasear su mal genio y con habilidad certera, sabe dar donde duele...

En ocasiones se rinde a sus propios deseos para no hacer sufrir a quienes ama, para no defraudarles. En ocasiones, calla y otorga porque ha aprendido que no hay nada más doloroso que las palabras que se dicen sin sentir. En ocasiones pronuncia palabras que no siente y se arrepiente demasiado tarde. En ocasiones se alegra de no haberlas pronunciado. En ocasiones quisiera haberlo hecho.

Se refugia en el silencio, se cobija en el silencio cuando presiente que van a herirla, cuando sabe que ya la han herido.

De lágrima fácil, se conmueve por las cosas más pequeñas. Y a veces aún sueña con poder cambiar el mundo.
Sensible hasta extremos insospechados, romántica incorregible, pertinaz compañera de la nostalgia y la melancolía. En permanente déficit de abrazos y mimos. Porque por muchos que sean, para ella nunca serán suficientes...



Elena- Wendy

Eternamente niña, fan devota de las nubes y los regalices de fresa. Elena- Wendy se columpia en los parques cuando nadie la ve, y le encantaría caminar a saltitos por la calle. Dueña y señora de un equilibrio defectuoso, suele caerse con asiduidad y no es extraño ver en sus piernas moratones y alguna que otra cicatriz, viejo recuerdo de la infancia.

Atesora una mala salud de hierro, y como si no hubiese crecido, no es infrecuente que la fiebre la deje en cama durante días. Le gusta el jarabe para la tos y guarda en una caja roja todas sus Nancys como si del más preciado de los tesoros se tratase.

Visitante asidua del País de Nunca Jamás...

Elena-Wendy cose sombras por las noches y durante algún tiempo, pretendió cuidar a los Niños Perdidos y acunarlos en su regazo, tal vez como un modo de cuidarse a ella misma...

Pero como en el cuento, Elena- Wendy regresó al hogar.

Y de común acuerdo con Elena- Melena y Elena- Laniñaimantada, decidió navegar, naufragar y seguir...



ROD STEWART/ SAILING

martes, 13 de abril de 2010

QUIERO VER EL FONDO DEL MAR





Hay un lugar en mi ciudad que me gusta especialmente.
Hay días, como hoy, en los que necesito estar allí. Así que dejé mis cosas en el despacho, pasé página en mi agenda y anoté el trabajo que se me acumula para mañana.

Desde hace bastantes días es así. No tengo ganas de nada. Me levanto de la cama como una autómata, reprimiendo una y otra vez mis ganas de quedarme allí, acurrucada en el calor de las sábanas y las mantas. Y dormir, dormir mucho para no pensar demasiado.

Hace bastantes días que me da igual casi todo y que me aferro desesperadamente a dos personitas para seguir respirando, para seguir navegando, para no hundirme irremediablemente. Tengo miedo, porque se que esto puede ser el principio de una depresión y me horroriza esa palabra. Tengo miedo porque por más que me busco no encuentro nada de mí, de lo que era, de lo que fuí.

Intento sonreir, intento reir como hacía antes. Pero no puedo. Las lágrimas asoman a mis ojos por el motivo más tonto, no me apetece trabajar y las carpetas se amontonan encima de mi mesa, como un castillo de cal y agua que se desmoronará en cualquier instante...

Recorrí Fomento muerta de frío, despeinada por el Nordeste que soplaba sin piedad, intentando respirar hondo, escuchando el sonido de mis pasos al compás de las olas y de alguna que otra gaviota perdida en el tráfico de las once. Rezando para que no hubiese demasiada gente, para que a ningún grupo escolar se le hubiese ocurrido ir precisamente hoy.

Y a pesar de ser martes y trece tuve suerte. Pagué mi entrada de ciudadana con descuento y me adentré en ese santuario mágico, todo agua, algas y mares inventados.
Solo los peces, algún turista despistado y silencioso, y yo...

Me senté en la grada que asoma al tanque de los tiburones. En realidad no se bien como se llama, yo siempre le digo así. Porque allí están las vedettes del acuario, los tiburones. Nadando por encima del resto de las bancadas de peces, tortugas gigantes y estrellas de mar. Las mantas pegadas a la arena del suelo, las anémonas y algún que otro caballito casi invisible.

Me gusta estar allí. Podría pasarme horas y horas delante de esa pecera gigante. Quise estar dentro. En el fondo del mar, nadando en silencio.

Pensé en todo lo que me ha ocurrido últimamente. En como era mi vida hace dos años y en lo que se ha convertido. Pensé en el domingo y en el vacío intenso que se abrió ante mis ojos.

Pensé en que no era necesario causar aún más dolor. Que ya había sido suficiente con la gelidez de las palabras, con la indiferencia, para hacerme entender que los niños estaban cantando en un tobogán cualquiera la melodía del adiós. Que yo, como Alicia, debía salir de una vez del laberinto.

No hacía falta todo lo demás. O por lo menos, todavía no...

Intenté comprender los motivos, pero ni los peces ni el silencio ni el agua me ayudaron a entender.

Y ahora solo se se que lo único que me apetece es ver el fondo del mar en una mancha solar, navegar sobre nubes de algodón y dormir entre flores de papel. Perderme y desaparecer, viajar en un submarino amarillo que me lleve hasta Oz...

Pero mañana saldrá el sol y a las ocho en punto volveré a estar en pie. Volveré a caminar arrastrando los pies hacia algún lugar indefinido y pintaré en mis labios una sonrisa para que nadie se preocupe, para que nadie me diga que todo pasará... Que estoy muy delgada. Que tengo que comer más y fumar menos.

Para que nadie intente convencerme de que tengo todo para ser feliz...


LOS PECES/ OCHO BRAZOS PARA ABRAZARTE



martes, 6 de abril de 2010

UN PREMIO, UN PUÑETAZO EN EL ESTÓMAGO Y UN POEMA





UN PREMIO

Hace unos días, Cuarentañera me dejó un premio en su blog.
Casi no tuve tiempo ni fuerzas de agradecérselo como es debido...

Es mi primer y único premio "bloguero". En realidad no se bien como funciona esto de los premios, no se de protocolos, creo que en realidad no se aún como comportarme en este mundo virtual.
Pero es de justicia que lo ponga aquí, que deje constancia de él, pues puedo intuir el cariño con el que fue concedido.





Gracias, de verdad. Se queda conmigo para siempre.

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UN PUÑETAZO EN EL ESTÓMAGO

Y justo en esos días, la vida me dio un puñetazo en el estómago. Violenta e inesperadamente. Como si la mala racha no tuviese intención de pasar de largo, como si quisiese instalarse permanentemente al lado de mi cama...

Si, lo se. Son cosas que pasan, son las reglas del juego. La vida y la muerte, los ciclos que se agotan, las horas que no son eternas.

Pero eso, esa racionalidad no hace menos intenso mi dolor. Solo espero que pase,que se mitigue, que vuelva a lucir el sol. Porque con la pena por la ausencia inevitable, llegó el sufrimiento por otro silencio aún más lacerante. Si cierro los ojos aún puedo verme aferrada a mi móvil, estremeciéndome con cada mensaje, con cada llamada, esperando, en realidad como siempre. Esperando...

Si cierro los ojos puedo verme reflejada en el cristal tras el que descansaba para siempre el hombre que me dió la vida. Derrotada y triste, recibiendo mil abrazos y mil condolencias, palabras llenas de cariño, o de simple compromiso.

Te acompaño en el sentimiento, lo siento mucho... nadie podía saber que en realidad, mis lágrimas se debían al hueco que quedaba en mi vida pero también, tristemente también, al que lentamente iba horadando mi corazón.

Un kleenex apretado entre mis manos, recordándome que eso había sido en realidad. Un pañuelo que se usa, un cigarrillo que se consume entre los labios. Silencio, silencio, silencio... Y unas palabras escritas en una pantalla, resonando en mi cabeza una y otra vez, como una triste y lastimera letanía: yo la querré por los dos, yo la querré por los dos, yo la querré por los dos...

Supe entonces, en ese preciso instante, que no me quedaba más remedio que aprender. Que después de un tiempo, a una inevitablemente, no le queda otra salida. Y aprende. O por lo menos, lo intenta...

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...Y UN POEMA

Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor
no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender.


Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos
y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.

Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma, en lugar
de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende...
y con cada día uno aprende.

Jorge Luis Borges

sábado, 27 de marzo de 2010

SIN (CASI) PALABRAS



... Y cada noche vendrá una estrella
A hacerme compañía.
Que te cuente como estoy
Y sepas lo que hay...


A mi padre, que se fue sin hacer ruido, tay y como vivió.
Sin flores, funerales, ni noticias en la prensa. En silencio.
Ahora duerme un poco en el mar, y un poco en el césped de un estadio de fútbol cerca de la playa, como era su deseo.

Duerme en un lugar misterioso que habita más allá del arcoiris.
Y en mi corazón. Siempre.

SI TÚ NO VUELVES/ MIGUEL BOSÉ

domingo, 21 de marzo de 2010

LA CAJA DE LOS BOTONES


A veces la abre y simplemente los mira, los acaricia con el alma y los dedos y los vuelve a su cama de metal y añoranza. Es una caja de lata, blanca y roja. Algún día sirvió para guardar vendas. Pero una vez cumplido su humilde propósito, se convirtió en la caja de los botones y durante muchos, muchos años, durmió en un pequeño cesto de mimbre que pomposamente la abuela llamaba, el costurero...

Con esos botones aprendió a contar.
Y esos botones fueron durante mucho tiempo sus juguetes favoritos.

Algunas tardes de lluvia, una niña rubia regenta una tienda de caramelos. Y su mente transforma la estancia en un local brillante impregnado de olor a naranja.
Los de color negro son de regaliz, los amarillos de limón, los rojos saben a fresa, los verdes son menta que curan las gargantas y los resfriados de sus clientes imaginarios... Llévelos señora, que con esto no toserá, mi abuela me los da a mí cuando estoy mala y duermo toda la noche, pero no se pase que son malos para los dientes...
Hay sobre la mesa un viejo cenicero de madera y cobre que ella imagina un peso. Y allí coloca su dulce mercancía, una y otra vez.
Tome señora, son diez pesetas, vuelva cuando quiera, buenas tardes. Muchas gracias...

Otras veces los botones se transforman en joyas, piedras preciosas que ella vende en una relojería fantástica que convierte el lugar mágico y luminoso que es la cocina de sus abuelos en un establecimiento de lujo y glamour.
Brillantes y oro, perlas, amatistas y granates. Plata y nácar, coral y malaquita. Todo eso eran mis botones. Güelita, déjame hilo, que voy a hacer un collar...
Poniéndose bizca, la niña intenta engarzar las pequeñas piezas en el hilo, para hacer la más fantástica pieza que se hubiese visto jamás, una joya digna de una princesa, mientras su abuela ríey la besa con ternura en el pelo.
Y en esos pequeños instantes, el tiempo se detiene, y puede sentir que el mundo no tiene principio ni fin, que la vida es eterna, que nada ni nadie podrán hacerle daño jamás.

Uno, dos, tres, cinco... No, Elena. Así no es. Vale güelito, otra vez. Uno, dos, tres, cuatro, seis...

Vamos a aprender a sumar. Si tienes dos botones y yo te pongo otro aquí, cuantos tienes ahora? Tres, güelu... Muy bien, mi reina. Cuando ya sepas bien, iremos a las restas. Quieres? Claro que sí, güelito...

La económica encendida, una mujer sentada en el cajón donde se guarda el carbón, tejiendo o cosiendo, vigilando los juegos de su nieta preferida.
Un hombre que lee el periódico o pasa a limpio los pedidos de papel de regalo, bolsas o calendarios que le han hecho sus clientes. La pensión de la mina no da para vivir y después de todo, ser comercial no es un mal trabajo...

Huele a natillas y a sopa, a patatas fritas que nadie superará jamás, nadie hace las patatas como tú güelita, te lo prometo.
Pronto llegará la hora del baño y la cena. Pronto llegará el momento en que la abuela arrope a su nieta tapándole la nariz en un saquito de sábanas y mimos que esa niña rubia ya no olvidará jamás. Llegará el instante en que venga el sueño y de paso al despertar entre besos y olor a galletas y leche caliente...

Hubo un tiempo en que el futuro tenía el color verde de la esperanza. Hubo un tiempo en que la felicidad dormía dentro de una caja de botones...

ANNE SOFIE VON OTTER & ELVIS COSTELLO / GREEN SONG

miércoles, 17 de marzo de 2010

LA ESTATUA DE PIEL



Hace unos días que se instaló en la plazuela que puedo ver desde la ventana de mi despacho.
Con su vestido de novia abandonada y un absurdo sombrero rojo que se rebela y golpea con fuerza mis ojos que contemplan absortos la blancura imposible de su traje de poliester barato.

En su mano, una rosa de plástico tan falsa como las palabras de amor que se pronuncian con los dedos cruzados. Y a sus pies, una cajita de madera y una estampa de un santo que no puedo reconocer.

De pie horas y horas sobre un pedestal destartalado, desafía impertérrita al frío y el viento que ha azotado la ciudad estos días. A veces aparto las cortinas y durante un rato, la observo desde mi ventana...

De vez en cuando, un paseante despistado arroja una moneda en el pequeño cajón de madera y ella se inclina suavemente y sonríe, para volver de inmediato a su posición firme y decidida. De vez en cuando, un niño se acerca tímidamente y deposita su dulce limosna a los pies de esa estatua de piel, que de nuevo hace un ligero y elegante movimiento y le ofrece un guiño travieso al pequeño sorprendido y tal vez un poco asustado.

Hoy por primera vez me acerqué a ella, y dejé en su cajón el importe de la cajetilla de tabaco que había bajado a comprarme. No me atreví a mirarla, sentí verguenza de mis zapatos caros y mi gabardina Carolina Herrera recién estrenada.

Pero cuando me susurró con su acento porteño, un gracias tan leve como la falda de su traje, levanté los ojos y por un momento pude verme en los suyos. Cuando se inclinó hacia mí y me ofreció su flor de plástico, comprendí.

Y supe de repente como en un estallido, que durante un tiempo, tal vez demasiado, yo también he sido una estatua de piel. Que yo también me he mantenido firme en mi puesto a pesar del viento del Norte. Que yo también he intentando sostenerme sobre un solo pie, como una bailarina lisiada, sobre mi frágil pedestal de sueños y deseos imposibles.

Sonriendo a cambio de unas pocas monedas de ternura, esperando impaciente palabras y gestos, temblando de frío e incertidumbre, anhelando que mi cajita se llenase de todo ello para poder sobrevivir.

Volví sobre mis pasos con los ojos anegados por esas lágrimas que detesto, con el conocido nudo en la garganta que se me atraviesa justo cuando no quiero llorar.

Agobiada por la certeza de que soy como ella. Una estatua humana.

Aunque nuestros disfraces sean tan distintos...


SPARKLEHORSE/ IT´S A WONDERFUL LIFE