lunes, 23 de noviembre de 2009

PORQUE QUIERO



Hubo un tiempo en que creía que podía cambiar el mundo.
Rebelde, contestaria, inconformista...
Hubo un tiempo en que creía que podría hacerlo.

Imagino que la vida todavía no me había enseñado que a veces, que muchas veces, no es fácil. No es fácil cambiar la realidad porque esa realidad nos golpea una y otra vez despiadada, ferozmente.

Cuentan en mi casa, divertidos, que siendo casi un bebé, lloraba cuando entraba en una Iglesia. Al parecer quería ponerle tiritas a Jesusito porque estaba sangrando... Y aunque sea una tontería, creo que ese pequeño detalle es el que me define, el que dice tanto de mí, de cómo soy y como he sido siempre.
Defensora de causas perdidas, abogada del diablo, tocapelotas intransigente, la voz de los sinvoz.
Elena la delegada de Curso, la representante de los estudiantes en la Facultad, la protestona, la suspicaz, la sensible, la de la lágrima fácil... La niña en el bautizo, la novia en la boda y la muerta en el entierro...

Y no hice caso cuando me decían que me dedicase a otra cosa. No hice caso porque creía que podía cambiar el mundo.Y no se hasta qué punto hice bien.

Porque aún hoy, después de unos cuantos años ejerciendo esta profesión mía me cuesta contener las lágrimas cuando veo a una mujer destrozada llorando en una Comisaría, cuando observo atónita cómo los niños son utilizados como monedas de cambio, como objetos, con tal de hacer daño a aquel o aquella que te dejó de querer.

Porque no puedo evitar que un nudo se me atraviese en la garganta al contemplar, al sentir tantas injusticias a mi alrededor, tantos errores humanos que traen consigo consecuencias fatales. Tanta desidia, tanto egoísmo, tanta maldad. Y quiero gritar, y a veces lo consigo.

Otras veces me quedo escondida en un rincón y me encierro en mis silencios, he aprendido a contar hasta cien. Pero cuando lo hago, cuando intento no pensar, no involucrarme, no sentir, no vivir vidas que no son la mía, me siento aún peor porque entonces, es entonces cuando dejo de ser yo.

Y no quiero. No quiero perder mi esencia, algo que forma parte de mí.
Quiero seguir emocionándome hasta las lágrimas al contemplar una puesta de sol, al mirar con envidia a una pareja de ancianos que pasea de la mano, al escuchar a los niños jugando felices en un parque cualquiera.

Prefiero sentir aunque eso me haga daño. Prefiero mil veces amar con desesperación, luchar por cosas banales, protestar por causas ridículas. Aunque a cambio también sufra y me desespere y llegue a pensar que no quiero hacerlo, que no quiero ser así. Prefiero eso a no ser ni sentir, a amordazar esta puñetera sensibilidad que me regaló un hada buena el día que nací. Quiero seguir sintiendo que estoy viva, que mi corazón no se ha dejado engullir por el desánimo, que no he perdido la esperanza.

Porque quiero seguir pensando que puedo cambiar el mundo.
Porque quiero seguir estando.
Porque hoy daría algo por saber cómo se puede salvar una vida...

THE FRAY/ HOW TO SAVE A LIFE

sábado, 14 de noviembre de 2009

UN PASEO POR LA LUNA


Me gusta salir a pasear por dentro de mí.
Son esos pequeños momentos en que me quedo en silencio, mirando hacia ningún lado, con los ojos cerrados aunque los tenga abiertos. Sólo existo yo y mis sentimientos, las llanuras que habitan en mi mente, los páramos por los que me gusta merodear...

Entonces busco una luna que aunque no pueda ver prendida en el cielo, yo sé que alumbra con sus rayos de acero a otros amantes ávidos, a otros durmientes insomnes, a otros navegantes abocados al naufragio. A esos mismos que caprichosamente dejará envueltos en un manto de negrura y estrellas, cuando decida volver a mi cielo.

Sé que regresará para convertirse en una cuna, la luna-cuna en la que duermen los niños que no quieren crecer, los que nunca llegarán a hacerlo, los que lo hicieron demasiado pronto, los que no quisieron abandonar jamás el país de los sueños... Los que siempre añorarán una palabra de consuelo en las noches de tormenta.

Desafío las leyes de la gravedad y en días especialmente oscuros consigo volar, flotar, sumergirme en el océano azul del cielo y el viento que sacude mi melena. Ligera y sin ataduras, sólo yo, nadie más que yo. A solas conmigo misma. Con mi vida, con mis pensamientos y mis deseos. En silencio. En esos momentos de silencio que tanto necesito para reencontrarme a mí misma.

Camino, me desplazo, me elevo hasta ella y quiero tocarla con las yemas de mis dedos mientras mis pies me dirigen hacia mí misma, hacia mi interior. Hacia lo que soy, lo que he sido y lo que seré. Hacia la Luna que vive en mi corazón.

A veces bajo las escaleras de dos en dos, y pierdo el norte, mi Norte, y hasta la respiración.

Y lamento que todo sea tan normal.

Y me paso las noches descosiendo las horas.

Y vuelvo a tiritar.

Y pienso que ha sido sólo un momento de bajada.

Y quiero creer que no pasa nada.

Y sigo buscando una luna que ande sola.

Y salgo a pasear por dentro de mí...


EXTREMODURO/ BUSCANDO UNA LUNA

martes, 3 de noviembre de 2009

MI ESTRELLA


Fue mucho antes de que a los americanos se les ocurriese vender trocitos de Luna por un módico precio. Mucho antes de todo eso...

Yo tengo una estrella en el cielo. Es mía. Es mi estrella.

Tenía quince, tal vez dieciséis años. Los curas de mi Colegio tenían una Cabaña en el monte. Una construcción que alguien les regaló y que ellos, con la ayuda de los alumnos habían restaurado pacientemente para convertirla en refugio, en lugar de encuentro...

Había pocas cosas que nos gustasen más que subir a la Cabaña. Una caminata infernal, una cuesta que siempre se nos hacía interminable, saltar vallas de madera, sortear un pequeño riachuelo, aspirar el olor a hierba y a libertad. Mochila al hombro, disfrutar del paisaje, del cielo azul, del sol ardiente de mediodía...

Chocolate, galletas de nata y coco, bacon y huevos para el desayuno, pollo para la cena. Nubes y regalices rojos, caramelos de limón y naranja.

El fuego siempre encendido, la misa a media tarde, cogidos de la mano, daros la paz, amaos los unos a los otros... Amigos para siempre.

Y por las noches, antes de meternos en el saco para dormir todos juntos en una misma sala. Antes de las historias de miedo, de las risas y los concursos de chistes y otras cosas más escatológicas.

Antes de todo eso, nos tumbábamos en el prado a mirar las estrellas y el Machu Pichu, aquella montaña que se extendía frente a nuestros ojos, inmensa, infinita y que nosotros bautizamos así, Machu Pichu, el Machu Pichu...

Y sobre él, las estrellas, siempre las estrellas.
El frío, el rocío sobre la hierba y el calor de las mantas, el calor de la juventud y la esperanza, del futuro incierto y lleno de expectativas.

Elige una estrella. La que más te guste. Y ponle un nombre.
A partir de ese momento, será tuya, será tu estrella.

Yo tengo una estrella que brilla encima de un monte, cerca de una Cabaña que acaricia el sol y besan las nubes.

Una estrella que adorna el cielo como un prendedor brillante y magnífico, y que de vez en cuando duerme en la cuna cálida de la Luna Lunera.

Es mi estrella. Se llama Naia. Y muchas noches me duermo pensando en ella y preguntándome si todavía seguirá alumbrando la noche, anclada eternamente sobre el Machu Pichu...


OLIVER / GOOD MORNING STARSHINE



jueves, 29 de octubre de 2009

NUNCA DEJES DE BRILLAR



Ví pasar a un grupo de adolescentes.
Ellas perfectamente uniformadas, melenas enlacadas, escotes palabra de honor y peep toes recién estrenados. Ellos con traje y corbata y ese pelo tan extraño que al parecer se lleva ahora, como si un huracán feroz hubiese pasado a su lado, remedos modernos de Beatles desteñidos.

Y me pregunté qué hacían unos chavales quinceañeros con esas pintas paseando por el muro un viernes por la tarde. Hasta que caí en la cuenta de que se había acabado el Curso. Era época de graduaciones, de fiestas copiadas de cualquier película norteamericana, de birretes de mentira, de momentos de verdad.

Y lo entendí todo. Entendí que no tuviesen frío, que se riesen a gritos, que emanasen esa alegría de vivir, que caminasen seguros entre empujones y sonrisitas coquetas. Aspiré con avaricia su olor a esperanza y colonia cara y probablemente un atisbo de envidia y nostalgia se dibujó en mi alma y en mis ojos

Yo también me gradué. Yo también tuve una ceremonia y una fiesta con sabor a patatas fritas y Fanta de Naranja. Y me puse un gorro extraño y ajeno sobre mi melena perfecta de peluquería. Yo también fui a comprarme un vestido nuevo porque quería ser la más guapa de la tarde y me puse tacones por primera vez en mi vida.

Sentí la necesidad imperiosa de comprobar que yo también paseé un día con mis compañeros con esa misma aureola de felicidad imperecedera. Así que al volver a casa busqué en mi caja roja, la que atesora las fotos y las cartas de amor y las rosas secas y los recuerdos...
Y encontré los de aquél día.

Fotos en solitario, fotos en grupo, fotos con mis padres y mi hermana, con mis abuelos. Señales indelebles de que aquél día lejano en el tiempo no fue un sueño ni una quimera.
La beca que nos pusieron al cuello, como símbolo de nuestra madurez, la señal de que debíamos volar, de que los tiempos del Colegio se habían terminado, de que ya nadie nos protegería del mundo exterior. La cruz de ceniza que nos alejaba de la adolescencia, el camino de ladrillos amarillos hacia el país de los adultos.

Un boli grabado con nuestro nombre y la fecha exacta de aquel día, un diploma escrito a mano por el Padre J. para cada uno de nosotros...

Y un papel que ya no recordaba, doblado cuidadosamente. La fotocopia amarillenta de una fábula mecanografiada que me regaló el profesor de Literatura al despedirnos. Y una dedicatoria en tinta azul: Nunca dejes de brillar...

Cuenta la Leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una Luciérnaga; esta huía rápido con miedo de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir.

Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada.....En el tercer día, ya sin fuerzas la Luciérnaga paro y dijo a la serpiente:

-Puedo hacerte tres preguntas???

-No acostumbro dar ese privilegio a nadie pero como te voy a devorar, puedes preguntar...

-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

-No, contestó la serpiente....

-¿Yo te hice algún mal?

-No, volvió a responder

-Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

-Porque no soporto verte brillar........!

Cuando esto pase a tí, no dejes de Brillar, continua siendo tu mismo, sigue dando lo mejor de ti, sigue haciendo lo mejor, no permitas que te lastimen, no permitas que te hieran, Sigue Brillando y No podrán tocarte....

porque tu Luz seguirá intacta!!!

Y pensé en mi viejo profesor, y en cuánto me gustaría no defraudarlo jamás. Porque quiero seguir brillando. Siempre. No quiero dejar de brillar.

DON MCLEAN / STARRY, STARRY NIGHT



martes, 20 de octubre de 2009

NINA



El día amanece gris, como tantos otros. Y como tantos otros se siente perdida en su propio laberinto de cristal y miedo.
Si mira a través de los cristales tan fríos como su propia piel, no alcanza a ver el horizonte, tan sólo oscuridad y agua.

Ella sabe que vive en un mundo irreal, que los días, sus días, son una sucesión de nubes y hielo. Sabe que cuando caiga la tarde y la luna comience a dibujarse tímidamente en el cielo, volverá a abandonarse, que plegará sus alas y se dejará caer en el vacío que atenaza su estómago y lo envuelve con el aleteo de mil mariposas impertinentes.

Sabe que todo está perdido, que es demasiado tarde, que está sola. Que sólo le quedan lágrimas y que ya nunca más volverá a reir, que en su boca sólo se dibuja de vez en cuando una mueca de payaso triste y desvalido.

Cierra los ojos y piensa en tiempos que ya no volverán, en los momentos que se quedaron prendidos en el cielo de los sueños imposibles.

Y siente que no quiere escapar, que es demasiado tarde para huir. Porque lleva en su mirada el dolor de las promesas incumplidas y porque otro día más deambulará de bar en bar esperando volver a encontrar su mirada y su voz, y sus besos y sus caricias ardientes. Los labios que una vez fueron suyos.
Porque nadie sino él la hizo temblar...

Camina hacia ningún lugar y se abandona al dolor de sentir el agua que llora el cielo penetrando sin piedad en su alma de mujer rota.

Y bailando entre los charcos, el pelo y la ropa y la vida húmedos de pena y ateridos de dudas, hablará con ella. Con la lluvia que la empapa y la purifica y la despierta por unos instantes de su pesadilla de dolor y añoranza.


Si algún día lo ves por ahí, pregúntale si se acuerda de mí. Si aún recuerda nuestra cama caliente de sudor y deseo.
Y aquél corazón que dibujamos con tiza en un árbol sin hojas.

Pregúntale si realmente, fue capaz de olvidar...



LA FRONTERA / LLUVIA

miércoles, 14 de octubre de 2009

CORAZÓN HAMBRIENTO



Todos tenemos un corazón hambriento.
Todos necesitamos un lugar donde recostarnos en los momentos de dudas, de sombras, de desesperación.
Una palabra, una mano que nos ayude a levantarnos, tal vez a no caer. Un abrazo inesperado, una sonrisa, un beso en el pelo... Caricias y palabras, pequeños universos infinitos de gestos cómplices y cometas azules como el mar y el oceáno que nos separan.

Yo también tengo un corazón hambriento.


A veces lo visto de fiesta, le pongo su disfraz de mil colores brillantes y lo saco a pasear con la sonrisa pintada en la cara. Maquillaje de estrellas y polvos mágicos de arroz. Las niñas no lloran, no deben llorar.

A veces como si de un caramelo envuelto en celofán se tratase, dulce y tibio, le permito derretirse suavemente, mientras el aroma a limón y ternura impregna la habitación y se desliza entre las rendijas de la persiana, humo y deseo, sangre y placer, espíritu y carne.

A veces lo recubro de una armadura impenetrable, le tapo la boca con las dos manos, para que no hable, para que no diga nada. Calla, corazón...

En ocasiones lo encierro bajo siete llaves en su torre de papel. Intento silenciar sus latidos para evitar caer en la trampa de la memoria, para no ver nunca más en mis sueños aquél viejo caserón con su arca de madera vieja y apolillada que a pesar del paso del tiempo aún permanece intacta en mi memoria. Y le permito que siga su huída hacia adelante, convencida de que no tiene sentido remover entre los restos del pasado, de que no merece la pena quedarse para siempre en ese desván que huele a miedo e incomprensión.

Pero cuando llega la noche, cuando soy más yo que nunca, dejo volar mi corazón por el cuarto. Libre y desnudo, tal y como es. Auténtico y sin ataduras. Y contemplo cómo se eleva y sube una y otra vez hacia el espacio de mis anhelos y mis tiempos reservados a la locura.

Abro la pequeña jaula en la que duerme, tiritando de frío, y le permito que viaje sin miedo, que pasee por las dunas y los desiertos, por los valles y las montañas. Le ruego en silencio que surque el mar a merced de las olas y que acompañe en su vuelo hipnótico a las gaviotas, para que desde el otro lado pueda verme y entender mis porqués, mis nuncas, mis tal vez...

Pongo mi mano sobre el pecho y lo escucho bailar la danza cadenciosa de la vida.
Y pienso que a pesar de mis innumerables y múltiples defectos, me gusta ser como soy. Tan fuerte y tan frágil al mismo tiempo. Tan contradictoria en ocasiones. Una niña y una mujer que comparten el mismo cuerpo, que se han quedado a vivir dentro de mí, eternamente entrelazadas como si ninguna de las dos quisiese perder jamás su identidad.

Dulce y tremenda, sol y luna. Luces y sombras. Tan sólo eso. Sólo eso. Nada más y nada menos que eso.

Una mujer que tiene un corazón hambriento...

BRUCE SPRINGSTEEN/ HUNGRY HEART

lunes, 5 de octubre de 2009

PAQUI


* Con el permiso y la autorización expresa de quien da nombre a esta entrada...


Paqui es mi supercompi de Coro. Es una contralto impresionante, tiene una voz profunda, suave y como de terciopelo, pero ella no lo sabe, o no quiere saberlo. Y se empeña en colocarse a mi lado porque dice que se siente más segura. A pesar de las protestas del Director, que dice que estéticamente no damos bien. Ella es muy bajita y regordeta, y yo soy más alta y espigada... De hecho, nos llaman el punto y la i, pero a pesar de eso, cantamos siempre juntas. Y ella me mira burlona cuando le digo que la que me da seguridad es ella a mí...

Desde el mismo momento en que se incorporó al Coro, nació entre nosotras una corriente de simpatía mutua, una especie de flechazo. Tal vez porque somos tan distintas, tan diferentes en todo además de en lo puramente físico.

Ella es tímida y de pocas palabras y yo extrovertida y parlanchina (por regla general). Ella es seria y retraida y yo... todo lo contrario.

Quizás por eso nos entendemos a las mil maravillas y nos hemos hecho amigas así sin querer... Cuando salimos a algún concierto nos sentamos juntas en el autocar y nos contamos las cosas que el rigor de los ensayos y el trabajo diario no nos permite, a pesar de algún que otro café furtivo que nos tomamos en los descansos...

Hoy Paqui estaba triste, aunque bien pensado creo que siempre ha habido un destello de amargura en sus ojos, con lo cual tal vez debería decir que estaba más triste de lo habitual. Hasta su voz rotunda y redonda me sonaba desgarrada cuando ensayábamos.

En el café de la pausa me ha contado el motivo de su amargura. Y yo, que no he nacido para dar consejos me he limitado a escucharla y a secarle con mi kleenex alguna lágrima que resbalaba con parsimonia por sus mejillas.

De repente me ha dicho:
.- Me gustaría ser como tú. Ojalá fuese como tú.
.- Como yo? le contesté sorprendida.
.- Sí como tú. Tú eres fuerte y siempre estás sonriendo... Tú nunca lloras, Elena...

Y entonces quise contarle que no es cierto, que yo no soy fuerte, que yo también lloro, que yo también sufro, que yo no siempre sonrío... que yo, como ella, también querría tener alas y volar...

Pero me pudo mi natural tendencia al estoicismo o quizá tuve miedo de defraudarla, de fallarle en aquel momento en que demandaba un poquito de seguridad y protección y la abracé en silencio, convencida de que no hay nada mejor que sentir el calor de un abrazo bien apretado cuando te duele el corazón...

REM/ EVERYBODY HURTS