Hubo un tiempo en que creía que podía cambiar el mundo.
Rebelde, contestaria, inconformista...
Hubo un tiempo en que creía que podría hacerlo.
Imagino que la vida todavía no me había enseñado que a veces, que muchas veces, no es fácil. No es fácil cambiar la realidad porque esa realidad nos golpea una y otra vez despiadada, ferozmente.
Cuentan en mi casa, divertidos, que siendo casi un bebé, lloraba cuando entraba en una Iglesia. Al parecer quería ponerle tiritas a Jesusito porque estaba sangrando... Y aunque sea una tontería, creo que ese pequeño detalle es el que me define, el que dice tanto de mí, de cómo soy y como he sido siempre.
Defensora de causas perdidas, abogada del diablo, tocapelotas intransigente, la voz de los sinvoz.
Elena la delegada de Curso, la representante de los estudiantes en la Facultad, la protestona, la suspicaz, la sensible, la de la lágrima fácil... La niña en el bautizo, la novia en la boda y la muerta en el entierro...
Y no hice caso cuando me decían que me dedicase a otra cosa. No hice caso porque creía que podía cambiar el mundo.Y no se hasta qué punto hice bien.
Porque aún hoy, después de unos cuantos años ejerciendo esta profesión mía me cuesta contener las lágrimas cuando veo a una mujer destrozada llorando en una Comisaría, cuando observo atónita cómo los niños son utilizados como monedas de cambio, como objetos, con tal de hacer daño a aquel o aquella que te dejó de querer.
Porque no puedo evitar que un nudo se me atraviese en la garganta al contemplar, al sentir tantas injusticias a mi alrededor, tantos errores humanos que traen consigo consecuencias fatales. Tanta desidia, tanto egoísmo, tanta maldad. Y quiero gritar, y a veces lo consigo.
Otras veces me quedo escondida en un rincón y me encierro en mis silencios, he aprendido a contar hasta cien. Pero cuando lo hago, cuando intento no pensar, no involucrarme, no sentir, no vivir vidas que no son la mía, me siento aún peor porque entonces, es entonces cuando dejo de ser yo.
Y no quiero. No quiero perder mi esencia, algo que forma parte de mí.
Quiero seguir emocionándome hasta las lágrimas al contemplar una puesta de sol, al mirar con envidia a una pareja de ancianos que pasea de la mano, al escuchar a los niños jugando felices en un parque cualquiera.
Prefiero sentir aunque eso me haga daño. Prefiero mil veces amar con desesperación, luchar por cosas banales, protestar por causas ridículas. Aunque a cambio también sufra y me desespere y llegue a pensar que no quiero hacerlo, que no quiero ser así. Prefiero eso a no ser ni sentir, a amordazar esta puñetera sensibilidad que me regaló un hada buena el día que nací. Quiero seguir sintiendo que estoy viva, que mi corazón no se ha dejado engullir por el desánimo, que no he perdido la esperanza.
Porque quiero seguir pensando que puedo cambiar el mundo.
Y no hice caso cuando me decían que me dedicase a otra cosa. No hice caso porque creía que podía cambiar el mundo.Y no se hasta qué punto hice bien.
Porque aún hoy, después de unos cuantos años ejerciendo esta profesión mía me cuesta contener las lágrimas cuando veo a una mujer destrozada llorando en una Comisaría, cuando observo atónita cómo los niños son utilizados como monedas de cambio, como objetos, con tal de hacer daño a aquel o aquella que te dejó de querer.
Porque no puedo evitar que un nudo se me atraviese en la garganta al contemplar, al sentir tantas injusticias a mi alrededor, tantos errores humanos que traen consigo consecuencias fatales. Tanta desidia, tanto egoísmo, tanta maldad. Y quiero gritar, y a veces lo consigo.
Otras veces me quedo escondida en un rincón y me encierro en mis silencios, he aprendido a contar hasta cien. Pero cuando lo hago, cuando intento no pensar, no involucrarme, no sentir, no vivir vidas que no son la mía, me siento aún peor porque entonces, es entonces cuando dejo de ser yo.
Y no quiero. No quiero perder mi esencia, algo que forma parte de mí.
Quiero seguir emocionándome hasta las lágrimas al contemplar una puesta de sol, al mirar con envidia a una pareja de ancianos que pasea de la mano, al escuchar a los niños jugando felices en un parque cualquiera.
Prefiero sentir aunque eso me haga daño. Prefiero mil veces amar con desesperación, luchar por cosas banales, protestar por causas ridículas. Aunque a cambio también sufra y me desespere y llegue a pensar que no quiero hacerlo, que no quiero ser así. Prefiero eso a no ser ni sentir, a amordazar esta puñetera sensibilidad que me regaló un hada buena el día que nací. Quiero seguir sintiendo que estoy viva, que mi corazón no se ha dejado engullir por el desánimo, que no he perdido la esperanza.
Porque quiero seguir pensando que puedo cambiar el mundo.
Porque quiero seguir estando.
Porque hoy daría algo por saber cómo se puede salvar una vida...
THE FRAY/ HOW TO SAVE A LIFE
Porque hoy daría algo por saber cómo se puede salvar una vida...
THE FRAY/ HOW TO SAVE A LIFE
