domingo, 16 de mayo de 2010

CUIDAME



Será porque ha hecho mucho frío. Será porque mis defensas están bajo mínimos. Será porque llevo demasiados días comiendo poco, durmiendo nada, trabajando mucho, pensando demasiado...

Fiebre, dolor de garganta, la espalda hecha trizas, las piernas como si fuesen de algodón, los brazos de trapo.
Supongo que el ibuprofeno ha hecho su trabajo. Me encuentro un poco mejor, he dormido todo el día y ahora no tengo sueño. Y aunque me he prohibido a mí misma trasnochar delante del ordenador, aquí estoy, escuchando una y otra vez esta maravillosa canción. Porque en ocasiones otros dicen justo lo que tú piensas y además son capaces de escribir los sentimientos sobre un pentagrama. Yo seré el abrazo que te alivia...

No me gusta estar enferma. Me hace sentir especialmente vulnerable, me lleno de mimos, tiemblo como un gato perdido entre la lluvia y mi yo y mi alma, sobre todo mi alma piden a gritos que los cuiden.

Pienso en que ahí reside la magia. Justo ahí. En el cuidado.

En cuidar a quien te quiere, en cuidar a quien tú quieres. En cuidar a quien te cuida. En no maltratar nunca, jamás, la fragilidad...

Estoy enferma, me siento enferma. No se si me duele más el corazón o el cuerpo. No se si lo uno es consecuencia de lo otro.


Y espero como una niña pequeña que nada entre sábanas blancas de algodón a quien cuide de mis sueños. Que vele por mis ojos, que me abra los caminos, que me regale palabras. Que proteja mis labios y mi risa.

Y pienso, creo, quiero, deseo, necesito que la fragilidad de hoy se convierta en la fortaleza de mañana...

Cuida de mis labios,
Cuida de mi risa.
Llévame en tus brazos,
Llévame sin prisa.

No maltrates nunca mi fragilidad,
Pisaré la tierra que tú pisas.

Cuida de mis manos,
Cuida de mis dedos.
Dame la caricia,
Que descansa en ellos.

No maltrates nunca mi fragilidad,
Yo seré la imagen de tu espejo.

Cuida de mis sueños,
Cuida de mi vida.
Cuida a quién te quiere,
Cuida a quién te cuida.

No maltrates nunca mi fragilidad,
Yo seré el abrazo que te alivia.

Cuida de mis ojos,
Cuida de mi cara.
Abre los caminos,
Dame las palabras.

No maltrates nunca mi fragilidad,
Soy la fortaleza de mañana.


PEDRO GUERRA & JORGE DREXLER/ CUIDAME


domingo, 9 de mayo de 2010

CORAZÓN ROJIBLANCO



Mi abuelo me hizo socia a los pocos días de nacer.
Y desde muy pequeña iba a los partidos con él y con mi padre, vestida con aquella camiseta que me llegaba casi hasta las rodillas. Un paquete de pipas y una porra de Kojak de fresa que me compraban en los kioscos ambulantes que todavía hoy se instalan en los bajos del Molinón...

Cuando me hice mayor cambié a mi padre y a mi abuelo por mis amigos, pero me gustaba saber que ellos estaban en la grada de enfrente y que los vería al final del partido con sus bufandas al cuello, criticando invariablemente al árbitro de turno...

Me gusta el fútbol, sí. Soy barcelonista cien por cien, pero sobre todo soy Sportinguista hasta la médula... Me sigo emocionando como una boba cuando suena el himno y el estadio es un mar de bufandas y de voces unidas cantando eso de "Real Sporting, equipo famoso, de rancia solera y brillante historial, que a Gijón tú le diste la fama...".

He estado en muchos otros estadios de fútbol y sin pasión puedo decir que hay pocas aficiones como la nuestra. Como dice mi amigo Ricardo, nacíos pa de sufrí... Y hoy lo hemos vuelto a demostrar. Han sido noventa y tres minutos interminables...

No me quedan uñas ni voz. He pasado más nervios que el día de mi último examen en la Facultad y creo que por primera vez en mi vida he deseado con todas mis fuerzas que ganase el Madrid... Pero al final se ha producido el milagro. Seguimos un año más en Primera. Otro año de sufrimiento, por supuesto...

Pero no importa...

Hoy cuando terminó el partido y saltamos al campo como si fuésemos adolescentes, me aferré a mi bufanda que no es la mía, es la de mi Lelo, la que todavía huele a Brummel y menta y pensé en lo feliz que estaría hoy. Recordé cómo celebramos el ascenso hace un año. Lo ví sentado en su sillón, riéndose aunque ya no tenía ganas de reir cuando me tomé aquél culete que juré me bebería si subíamos (creo que soy la única asturiana que detesta la sidra...). Y deseé con todas mis fuerzas que desde la estrella en la que seguro está, pudiese escuchar ese grito que el me enseñó y que al parecer fueron de las primeras palabras que pronuncié cuando empecé a hablar... ese Puxa Sporting que tantas veces lo escuché decir a voz en grito con su bufanda al cuello. Esa misma que sigue oliendo a Brummel y menta...

1 de junio de 2009

* Escribí esto hace casi un año en un foro pequeñito donde tenía (y sigo teniendo aunque ya no escriba allí) una habitación naranja. Y me estremezco al pensar las cosas que han pasado desde entonces, en cómo ha cambiado todo... Y sin embargo podría haberlo escrito hoy mismo. Porque otro año más nos ha tocado sufrir, sí. Y otro año más seguimos en primera. Aunque hoy sean aún más profundas las ausencias.

Ayer pensé mucho en ellos dos. En los dos hombres a los que más he querido en mi vida. Pensé en mi padre y en mi abuelo, y en lo contentos que estarían por ese empate agónico que nos ha salvado matemáticamente. Otro año más.

Quien me iba a decir a mí que en menos de un año los perdería a ambos. Quien me iba a decir que hoy faltaría otro de los integrantes de aquel trío que caminaba despacito cada domingo hacia el Molinón en los tiempos en que yo creía que el futuro era siempre...
Cuanto los eché de menos, cuanto los echo de menos cada día que pasa...

Ayer, cuando iba camino a casa con mi bufanda y mi camiseta del centenario, despeinada, afónica perdida y muerta de cansancio, miré primero al mar y después al cielo y crei ver dos estrellas pequeñitas, tal vez quise ver dos estrellas pequeñitas brillando sobre el negro oscuro de una noche oscura.

Y de repente sentí aquí dentro, cerca de este corazón mío que es rojo y además es blanco, algo parecido a la felicidad...


miércoles, 5 de mayo de 2010

EL AGUA ES PROFUNDA



Anoche trabajé hasta muy tarde. Me gusta trabajar por la noche, en silencio, en mi despacho rodeada de papeles, códigos y documentos. La música suave de fondo y un mar cuyo sonido apenas distingo pero que adivino por momentos, tal vez porque quiero intuirlo entre el ruido sordo de esta ciudad que nunca duerme.

Anoche escribí una entrada pero no se por qué motivo se desconfiguró y me la cargué, así que tuve que suprimirla y con ella un par de comentarios de Iago (espero que me disculpes si lees esto)...

Tampoco era de nada importante, en realidad últimamente no tengo nada importante que contar o más bien no me apetece ponerlo por escrito.

Hablaba de mi colección de decepciones. De todas las que me he llevado en los últimos días. Supongo que es en los momentos difíciles cuando te das cuenta de los apoyos con los que realmente cuentas, cuando puedes ver con claridad los motivos y las intenciones. Es sencillo estar cuando todo va sobre ruedas, cuando la vida transcurre plácidamente. Es sencillo estar para compartir risas y experiencias maravillosas. No lo es tanto cuando las cosas se tuercen, cuando toca llorar y sentir miedo...

No se me da bien reaccionar cuando me decepcionan. Me quedo paralizada y pienso una y otra vez si realmente esa persona en quien confiaba ciegamente, esa persona a la que quería o apreciaba, esa que se hacía llamar mi amiga era así desde siempre o si fui yo la que me limité a pintarla como en realidad quería que fuese.

Pienso si no será que soy excesivamente crédula y aún sigo viviendo en mi mundo de luz y color. Me falta visión de alcance lo sé. Siempre tiendo a pensar que todo el mundo es como yo, que todo el mundo reacciona del mismo modo en que yo lo haría.

Pero aunque duela, prefiero ser así. Prefiero confiar.

Se que el agua es profunda, se que cuando algo es nuevo se muesta ante nuestros ojos brillante y magnífico. Se que cuando envejece se torna frío como el rocío de la mañana.

Se que no tengo alas. Pero me niego a dejar de remar. Aunque no sepa muy bien si por momentos me hundo o simplemente sigo nadando.

* Esta es una de mis canciones preferidas. Me pregunto por qué nunca la puse aquí. Tal vez porque siempre hay un momento para hacer las cosas y ahora es el momento.

Ya se sabe que cuando me da por una la escucho hasta la saciedad. En estos últimos días esta preciosa melodía tradicional irlandesa se ha convertido en la banda sonora de mi vida. Hay mil versiones y me gustan todas. Pero me quedo, por muchísimos motivos, con esta.

KARLA BONOFF/ THE WATER IS WIDE



El agua es amplia, no la puedo cruzar.
Y tampoco tengo alas para volar.
Dame una barca que pueda llevar a dos
y los dos remaremos: mi amor y yo.

Donde el amor se planta, oh, ahí crece.
Crece y florece como una rosa.
Tiene un aroma dulce y agradable.
Ninguna flor en la tierra puede superarlo.


Oh, el amor es hermoso y es magnífico.
Y el amor es una joya cuando es nuevo.
Pero cuando es viejo, se pone tan frío...
Y se desvanece como el rocío de la mañana...


Un barco hay, y ella navega el mar.
Rema tan profundo como puede
Pero no tan profundo como el amor en el que yo estoy.
No sé si me hundo o nado...

El agua es amplia, no la puedo cruzar.
Y tampoco tengo alas para volar.
Dame un bote que lleve a dos,
y los dos remaremos: mi amor y yo.










sábado, 24 de abril de 2010

CUESTIÓN DE IMAGEN



Hoy ha sido un mal día. Un día de esos propicios para escribir una entrada especialmente triste, melancólica. Llena de nostalgia y algún reproche. Teñida de decepción y dolor. Y me niego, no quiero...
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Hace tiempo que me apetece cambiar el blog. Tal y como estaba, me empujaba al abismo del recuerdo una y otra vez. Y me hacía daño.

Pensé incluso en cerrarlo, en mudarme a otro lugar. Pero aquí he creado mi espacio y aquí tengo a gente con la que me gusta estar, a la que me gusta recibir y visitar. Como cuando era niña y jugaba con mis amigas a las casitas. Cada una hacía la suya en los bancos del parque y nos moríamos por ser las anfitrionas de una merienda imaginaria en la que fingíamos ser mayores y saber todo de la vida... Así me siento cuando os leo, cuando se que estáis y os siento cerca. Y así me siento cuando voy a vuestros blogs y comparto vuestras cosas y os conozco un poco mejor y dejo mi pequeña huella entre tantas vidas ajenas... Dar y recibir, estar, con los dedos llenos de palabras o en silencio...

Sin embargo, se que he renunciado a demasiadas cosas, ya he perdido demasiado en mi camino virtual como para dejar a un lado también este pequeño refugio en el que se ha convertido Navegando hacia Shalott.

Me considero una auténtica patata en esto de la informática. Si me sacas de Word y un poquito de Excel, justo lo que necesito para mi trabajo, rozo el analfabetismo absoluto.

Pero también es cierto que soy una mujer con suerte y la misma personita que me ayudó a crear este baúl de música y palabras allá por el mes de Enero de 2009, me ha echado una mano para renovarlo ahora. Gracias Fer (una vez más).

Así que después de más de una hora intentando seguir las instrucciones anotadas en una servilleta, de cambiar, subir, bajar, guardar, eliminar... rezando para que nada se perdiese con el cambio, lo he conseguido. O eso creo. Una hora para hacer algo que seguro al más común de los mortales le llevaría unos minutos... lo dicho, soy una patata.

Lo miro una y otra vez, Se que me costará acostumbrarme, pero me gusta. Espero que a los que paséis por aquí no os resulte demasiado extraño o distinto.

Después de todo, se trata solo de una cuestión de imagen...

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Una taza de té humea a mi lado. Y un cigarrillo recién encendido me espera. Me anticipo mentalmente al placer de la primera calada, envuelta en humo y música.

Me releo antes de publicar y pienso que a pesar de todo no he podido evitar ponerme trascendente. Y me fastidia porque me apetecía escribir algo banal. Sin embargo, siempre escribo a golpe de corazón, sin releerme casi nunca, según lo que me dicta el alma.
Y el corazón a veces habla más de la cuenta. Especialmente el mío que tiende a desvariar y se pierde por mil vericuetos de sentimientos y ausencias...

Rod me susurra su canción. Mi canción favorita. Esa que habla de árboles verdes y rosas rojas. De cielos azules y nubes blancas. Esa que dice que el mundo, a pesar de todo, es un lugar maravilloso.

Esa que me hace sentir bien, que me da paz y que nunca me canso de escuchar.
La misma que me ayuda a no perder jamás la esperanza.

Buenas noches...

WHAT A WONDERFUL WORLD/ ROD STEWART

sábado, 17 de abril de 2010

TRIDIMENSIONAL



* Y si me pides que te hable de mí...

Me gusta mirarme en los espejos. Y en los escaparates. No puedo evitarlo...
Me gusta ver mi reflejo, mi silueta pintada en una superficie lisa y brillante.
A veces me doy un aprobado a mí misma, en días especiales hasta me pongo un notable alto. A veces me suspendo y me digo que tengo que volver en septiembre...

Si algo he ganado con el paso de la vida, es el poder de conocerme a mí misma.

Porque se que yo soy tres.

Elena- Melena

Presumida y coqueta. Algo casquivana y frívola si se lo propone, amante de los trapos y los zapatos, los bolsos y los anillos. Divertida, socarrona y fan del humor negro, de la ironía fina, tal vez herencia de la sangre gallega que corre por sus venas.
Cantante de karaoke frustrada, cantante de coro y de cualquier melodía pegadiza que se asome a su alma. Bailarina incansable. Melena hace playbacks a escondidas en su despacho cuando no hay nadie, con la música a tope y un bolígrafo a modo de micrófono...

De verbo incontinente y lengua rápida en estrados y fuera de ellos, implacable y luchadora, en su trabajo y en la vida. Protectora a muerte de los que quiere, protestona y rebelde. Fuerte y valiente, si miras a Elena Melena creerás verla caminando con paso seguro aunque puede que esté muerta de miedo. Adora en secreto que le digan piropos.
Pasional, visceral, intrasingente. Suspicaz, dicen que inteligente.
Cabezota, impulsiva. Soñadora. Presa de sus arrebatos y víctima de sus contradicciones... Tierna.

Elena- Laniñaimantada

Frágil, tremendamente frágil y vulnerable, Laniñaimantada tiene miedo a la oscuridad, a los caserones antiguos y al tren de la bruja. Y a las montañas rusas, aunque nadie diría que hubo un tiempo en que las adoraba...
Día sí y día también se bloquea ante la maldad, sin saber qué decir ni que hacer. No sabe reaccionar frente a los golpes bajos y detesta el sabor salado que se prende en su garganta cuando la rabia le atenaza el corazón. Y cuando lo hace es demasiado tarde, porque entonces saca a pasear su mal genio y con habilidad certera, sabe dar donde duele...

En ocasiones se rinde a sus propios deseos para no hacer sufrir a quienes ama, para no defraudarles. En ocasiones, calla y otorga porque ha aprendido que no hay nada más doloroso que las palabras que se dicen sin sentir. En ocasiones pronuncia palabras que no siente y se arrepiente demasiado tarde. En ocasiones se alegra de no haberlas pronunciado. En ocasiones quisiera haberlo hecho.

Se refugia en el silencio, se cobija en el silencio cuando presiente que van a herirla, cuando sabe que ya la han herido.

De lágrima fácil, se conmueve por las cosas más pequeñas. Y a veces aún sueña con poder cambiar el mundo.
Sensible hasta extremos insospechados, romántica incorregible, pertinaz compañera de la nostalgia y la melancolía. En permanente déficit de abrazos y mimos. Porque por muchos que sean, para ella nunca serán suficientes...



Elena- Wendy

Eternamente niña, fan devota de las nubes y los regalices de fresa. Elena- Wendy se columpia en los parques cuando nadie la ve, y le encantaría caminar a saltitos por la calle. Dueña y señora de un equilibrio defectuoso, suele caerse con asiduidad y no es extraño ver en sus piernas moratones y alguna que otra cicatriz, viejo recuerdo de la infancia.

Atesora una mala salud de hierro, y como si no hubiese crecido, no es infrecuente que la fiebre la deje en cama durante días. Le gusta el jarabe para la tos y guarda en una caja roja todas sus Nancys como si del más preciado de los tesoros se tratase.

Visitante asidua del País de Nunca Jamás...

Elena-Wendy cose sombras por las noches y durante algún tiempo, pretendió cuidar a los Niños Perdidos y acunarlos en su regazo, tal vez como un modo de cuidarse a ella misma...

Pero como en el cuento, Elena- Wendy regresó al hogar.

Y de común acuerdo con Elena- Melena y Elena- Laniñaimantada, decidió navegar, naufragar y seguir...



ROD STEWART/ SAILING

martes, 13 de abril de 2010

QUIERO VER EL FONDO DEL MAR





Hay un lugar en mi ciudad que me gusta especialmente.
Hay días, como hoy, en los que necesito estar allí. Así que dejé mis cosas en el despacho, pasé página en mi agenda y anoté el trabajo que se me acumula para mañana.

Desde hace bastantes días es así. No tengo ganas de nada. Me levanto de la cama como una autómata, reprimiendo una y otra vez mis ganas de quedarme allí, acurrucada en el calor de las sábanas y las mantas. Y dormir, dormir mucho para no pensar demasiado.

Hace bastantes días que me da igual casi todo y que me aferro desesperadamente a dos personitas para seguir respirando, para seguir navegando, para no hundirme irremediablemente. Tengo miedo, porque se que esto puede ser el principio de una depresión y me horroriza esa palabra. Tengo miedo porque por más que me busco no encuentro nada de mí, de lo que era, de lo que fuí.

Intento sonreir, intento reir como hacía antes. Pero no puedo. Las lágrimas asoman a mis ojos por el motivo más tonto, no me apetece trabajar y las carpetas se amontonan encima de mi mesa, como un castillo de cal y agua que se desmoronará en cualquier instante...

Recorrí Fomento muerta de frío, despeinada por el Nordeste que soplaba sin piedad, intentando respirar hondo, escuchando el sonido de mis pasos al compás de las olas y de alguna que otra gaviota perdida en el tráfico de las once. Rezando para que no hubiese demasiada gente, para que a ningún grupo escolar se le hubiese ocurrido ir precisamente hoy.

Y a pesar de ser martes y trece tuve suerte. Pagué mi entrada de ciudadana con descuento y me adentré en ese santuario mágico, todo agua, algas y mares inventados.
Solo los peces, algún turista despistado y silencioso, y yo...

Me senté en la grada que asoma al tanque de los tiburones. En realidad no se bien como se llama, yo siempre le digo así. Porque allí están las vedettes del acuario, los tiburones. Nadando por encima del resto de las bancadas de peces, tortugas gigantes y estrellas de mar. Las mantas pegadas a la arena del suelo, las anémonas y algún que otro caballito casi invisible.

Me gusta estar allí. Podría pasarme horas y horas delante de esa pecera gigante. Quise estar dentro. En el fondo del mar, nadando en silencio.

Pensé en todo lo que me ha ocurrido últimamente. En como era mi vida hace dos años y en lo que se ha convertido. Pensé en el domingo y en el vacío intenso que se abrió ante mis ojos.

Pensé en que no era necesario causar aún más dolor. Que ya había sido suficiente con la gelidez de las palabras, con la indiferencia, para hacerme entender que los niños estaban cantando en un tobogán cualquiera la melodía del adiós. Que yo, como Alicia, debía salir de una vez del laberinto.

No hacía falta todo lo demás. O por lo menos, todavía no...

Intenté comprender los motivos, pero ni los peces ni el silencio ni el agua me ayudaron a entender.

Y ahora solo se se que lo único que me apetece es ver el fondo del mar en una mancha solar, navegar sobre nubes de algodón y dormir entre flores de papel. Perderme y desaparecer, viajar en un submarino amarillo que me lleve hasta Oz...

Pero mañana saldrá el sol y a las ocho en punto volveré a estar en pie. Volveré a caminar arrastrando los pies hacia algún lugar indefinido y pintaré en mis labios una sonrisa para que nadie se preocupe, para que nadie me diga que todo pasará... Que estoy muy delgada. Que tengo que comer más y fumar menos.

Para que nadie intente convencerme de que tengo todo para ser feliz...


LOS PECES/ OCHO BRAZOS PARA ABRAZARTE



martes, 6 de abril de 2010

UN PREMIO, UN PUÑETAZO EN EL ESTÓMAGO Y UN POEMA





UN PREMIO

Hace unos días, Cuarentañera me dejó un premio en su blog.
Casi no tuve tiempo ni fuerzas de agradecérselo como es debido...

Es mi primer y único premio "bloguero". En realidad no se bien como funciona esto de los premios, no se de protocolos, creo que en realidad no se aún como comportarme en este mundo virtual.
Pero es de justicia que lo ponga aquí, que deje constancia de él, pues puedo intuir el cariño con el que fue concedido.





Gracias, de verdad. Se queda conmigo para siempre.

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UN PUÑETAZO EN EL ESTÓMAGO

Y justo en esos días, la vida me dio un puñetazo en el estómago. Violenta e inesperadamente. Como si la mala racha no tuviese intención de pasar de largo, como si quisiese instalarse permanentemente al lado de mi cama...

Si, lo se. Son cosas que pasan, son las reglas del juego. La vida y la muerte, los ciclos que se agotan, las horas que no son eternas.

Pero eso, esa racionalidad no hace menos intenso mi dolor. Solo espero que pase,que se mitigue, que vuelva a lucir el sol. Porque con la pena por la ausencia inevitable, llegó el sufrimiento por otro silencio aún más lacerante. Si cierro los ojos aún puedo verme aferrada a mi móvil, estremeciéndome con cada mensaje, con cada llamada, esperando, en realidad como siempre. Esperando...

Si cierro los ojos puedo verme reflejada en el cristal tras el que descansaba para siempre el hombre que me dió la vida. Derrotada y triste, recibiendo mil abrazos y mil condolencias, palabras llenas de cariño, o de simple compromiso.

Te acompaño en el sentimiento, lo siento mucho... nadie podía saber que en realidad, mis lágrimas se debían al hueco que quedaba en mi vida pero también, tristemente también, al que lentamente iba horadando mi corazón.

Un kleenex apretado entre mis manos, recordándome que eso había sido en realidad. Un pañuelo que se usa, un cigarrillo que se consume entre los labios. Silencio, silencio, silencio... Y unas palabras escritas en una pantalla, resonando en mi cabeza una y otra vez, como una triste y lastimera letanía: yo la querré por los dos, yo la querré por los dos, yo la querré por los dos...

Supe entonces, en ese preciso instante, que no me quedaba más remedio que aprender. Que después de un tiempo, a una inevitablemente, no le queda otra salida. Y aprende. O por lo menos, lo intenta...

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...Y UN POEMA

Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor
no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender.


Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos
y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes...
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.

Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma, en lugar
de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende...
y con cada día uno aprende.

Jorge Luis Borges